Revolución Liberal en el reinado de Isabel II

¿Ser mujer y reina en 1843? Esto solo era posible si estás casada con un rey. Pero hubo una mujer que logró reinar y ser pionera en este hito en España. Se trata de la Reina Isabel II. Pero antes de su reinado, el país vivió sucesos muy crueles. Conozcamos todo acerca de la Revolución Liberal en el reinado de Isabel II , con un contenido especialmente preparado para los alumnos.

Las Regencias y el problema sucesorio, años 1833 a 1843

El rey Fernando VII solo había tenido un descendiente, una hija llamada Isabel. De cara a su sucesión esto generaba un conflicto de envergadura, ya que según la Ley Sálica, establecida en España desde el año 1713, las mujeres no podían obtener el trono. Sin embargo, el rey Fernando no está de acuerdo con esta imposición y decide tomar medidas para que su hija pueda ser reina. Con este objetivo es que aprueba en 1830 La Pragmática Sanción. Pero no fue tan sencillo, ya que desde un primer momento se encontró con la resistencia de los sectores absolutistas, quienes decidieron oponerse al rey y apoyar a su hermano Carlos María Isidro.

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Muere el rey siendo su hija Isabel todavía un bebé. Por tal motivo, es su madre, María Cristiana, quien ocupa su puesto. La reina regente va a encontrar apoyo en los liberales, y empieza una lucha a dos bandas entre estos y los absolutistas que reclaman el trono para Carlos María Isidro. Estos hechos dan lugar a las Guerras Carlistas.

Primera Guerra Carlista, años 1833 a 1840

El carlismo pretendía volver al pasado, esto es, al absolutismo, a una sociedad dividida en estamentos y privilegios según el estatus social, a los fueros y al poder en manos de la iglesia. Eran apoyados por las regiones forales y por pequeños grupos de campesinos que habían recibido una influencia fuerte del clero.

Los isabelistas, aparte de buscar el apoyo del movimiento liberal, también contaba con el respaldo del alto clero y de la alta nobleza, además de funcionarios y jornaleros.

No había ejército, pero los carlistas se organizaron en guerrillas para imponer el miedo. Además, a nivel internacional contaba con el apoyo de las potencias más absolutistas como eran Rusia, Prusia y también Austria. Por contra, Isabel era apoyada por las potencias más liberales, las cuales estaban representadas en los países de Portugal, Francia y Gran Bretaña.

Los carlistas consiguen avanzar, sin embargo, no todo cuanto planean y, entre ellos mismos empieza a surgir desavenencias hasta el punto de que el grupo se divide en dos facciones, quedando por un lado los carlistas transaccionalistas y por otro lado los intransigentes.

En 1839, los carlistas firman el Convenio de Vergara, en el cual se recoge que los fueros vasco-navarros van a ser respetados.

Los liberales también están divididos, desde hace tiempo en verdad, pues recordemos que se clasifican en doceañistas y veinteañistas desde el Trienio Liberal. A estos liberales moderados y progresistas se le suman dos nuevas divisiones, que son los demócratas y los republicanos.

Los moderados son la alta burguesía, el alto clero, la nobleza y militares, y quiere una reforma pero sin extremos, de modo que el sufragio sea censitario, la soberanía compartida mediante cortes bilaterales, confesionalidad del estado católica y que el monarca conserve poderes. Mientras que los progresistas que están conformados por las clases medias, las clases populares urbanas y militares, quiere sufragio universal, cortes unicamerales, recortar el poder de la corona y de la iglesia, además de una política económica basada en el libre cambio.

Los Demócratas quieren sufragio universal masculino y soberanía popular. Está formado por las clases urbanas. Además están los Republicanos que rechazan la monarquía.

María Cristina Regente, años 1833 a 1840

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Con una política dividida como acabamos de ver, contentar a unos y a otros no es nada fácil, por no decir imposible. Así que la regente María Cristiana pronto empezará a tener problemas y a perder apoyo de los liberales más progresistas quienes se sienten defraudados con las medidas que va aprobando la reina regente. El Estatuto Real supone un punto de inflexión en este sentido, ya que se adapta a la ideología más moderada pero no así a los más liberales. Este descontento da lugar a revoluciones, como el Pronunciamiento de la Granja, y los progresistas toman el poder.

El resultado de esta victoria progresistas fue la elaboración de una nueva constitución, en 1837 y, previamente, la Desamortización de Mendizábal en 1836. Se trataba de una constitución claramente progresista pero que cedía a algunas de las pretensiones moderadas como por ejemplo que daba amplios poderes a la Corona y establecía cortes bicamerales, así como financiación para la Iglesia Católica.

Por contra, en la desamortización se le retiran tierras a la nobleza y al clero y se sacan a subasta con el fin de reducir la deuda. Pero el mandato progresista no dura mucho, porque con la participación del ejército y auspiciado por la regente, los moderados recuperan el mando.

Espartero regente, años 1840 a 1843

Los progresistas siguen en su lucha y la Ley de Ayuntamientos los pone de nuevo en pie de guerra. Al fin logran su objetivo y destituyen a la Regente. El militar Espartero ocupa el cargo. Espartero tiene que reprender duramente las revueltas. El militar es exiliado en 1843 y, puesto que haría falta otro regente, se decide tomar otra medida más drástica pero eficiente: adelantar la mayoría de edad de la reina Isabel, de modo que esta adquiere la Corona y el cargo a la tierna edad de trece años.

Isabel II, Reina de España. Años 1843-1868

El Reinado de Isabel se inicia con una Década Moderada en la cual se suceden gobiernos con el general Narváez en el mando. Se reforma la Administración, se restablecen las relaciones con la Iglesia y en 1845 se reforma la Constitución. Esto se hace respetando las doctrinas moderadas.

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Apenas una década más tarde, las insurreciones hacen que Isabel II tenga que llamar a los progresistas y poner de nuevo a Espartero en el Gobierno. Este Bienio Progresista dura apenas dos años, hasta 1856. Se sacan a subasta más bienes del clero y, en este caso, de los Ayuntamientos. Y se llevan a cabo reformas liberalizadoras, que afectan a las sociedades de crédito, la minería y los ferrocarriles.

En 1856, vuelven los moderados al poder, esta vez de manos de O´Donnell.

La monarquía de Isabel se viene abajo, años 1856 a 1868

El Gobierno de O´Donnell no va a durar, pues tan solo dos años después de estar en el poder, la reina llama de nuevo a Narváez. O´Donnell decide crear el Partido de la Unión Liberal con el cual pretende atraer a los progresistas, pero campesinos y republicanos se levantan contra el partido y este fracasa.

En política exterior también hay una mala gestión y se pierde prestigio perjudicando a las relaciones con México, Marruecos, Indochina y perjudicando en la Guerra del Pacífico. El ferrocarril y la minería sufrieron de especulaciones.

Se producen fuertes crisis económicas y la oposición se vuelve cada vez más fuerte. Ante esto, se asumen sucesivos gobiernos autoritarios, de corte moderado.

Ya en 1866 progresistas y demócratas se unen gracias al Pacto de Ostende, y hacen lo mismo los unionistas. Se acusa a la reina de pactar solo con los moderados y de gobernar solo para ellos. Y surge de este pacto la Revolución Gloriosa de 1868. Como consecuencia, la reina se ve obligada a dejar el país y comienza de este modo el Sexenio Democrático o Revolucionario.

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